The North-South Institute

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Opinion

Argentina y Canadá, casos comparables

March 28, 2013

por PABLO HEIDRICH (NSI)

Diario Clarin

Muchos de nuestros dilemas actuales sobre políticas económicas son sobre cómo compatibilizar metas nacionales -consensuadas o tácitas-, crecimiento económico, sustentabilidad ambiental e inclusión social, con fenómenos traídos por la globalización. En Latinoamérica, ejemplos de esto son cómo se ven las inversiones en recursos naturales (minería, energía, agricultura), la apreciación de la moneda o la competencia de importaciones súper-baratas.

Cuando estos dilemas son discutidos en ámbitos nacionales, a veces también se traen ejemplos regionales. Esta extensión se admite para aprender de países que por vecinos, quizás sean más similares al propio, buscando encontrar ideas o esquemas ojalá adaptables. Pero los límites de lo que consideramos “comparable” están cambiando rápidamente.

Hoy, varios países desarrollados como Canadá, Australia y otros, se parecen más que nunca antes en sus discusiones internas sobre sus políticas económicas a las naciones en desarrollo de Latinoamérica. Por eso, tanto los del Sur como los del Norte podrían beneficiarse mucho de incluir a sus supuestos “diferentes” en los marcos mentales que usan para intentar resolver estos dilemas.

Tomemos el caso de Canadá. Además de lo invertido por sus propias empresas nacionales, ha recibido inversiones externas por más de 100.000 millones de dólares para desarrollar sus industrias energéticas y mineras desde el 2003, cuando empezó el actual boom de recursos naturales. Esto ha transformado la economía, exportando hoy más energía y minerales que manufacturas y agricultura, a pesar de estar a sólo unos kilómetros de las mayores metrópolis de Estados Unidos.

Su moneda se ha apreciado un brutal 50% en los últimos años, destruyendo no menos de un tercio de la industria loca l y sus empleos, efectos por ahora camuflados por un boom de inmobiliario y de comercio a crédito. Y estos son los temas constantes en las discusiones locales, tanto como lo son en Latinoamérica.

Canadá también debate cómo obtener mejores ganancias de la multitud de nuevos proyectos mineros “a cielo abierto” en Ontario, Quebec o Columbia Británica. Y posee similares conflictos con sus poblaciones indígenas o locales en las zonas cercanas, mientras su gobierno federal y provincias discuten cómo promover que las empresas mineras y energéticas creen más empleo y contrataciones de bienes o servicios nacionales y locales. Estas agitadas disputas están pobladas de amenazas de desinversión desde las empresas, o de aumentos de impuestos y nuevos reglamentos desde los gobiernos. Viendo la similitud de estos dilemas de política económica con los que se tienen hoy en Latinoamérica, la implicancia es clara: quiénes somos está importando menos que dónde estamos en la economía global, como exportadores de recursos naturales.